lunes, 25 de agosto de 2008

El efecto Forer (o querer es Forer)

Tienes la necesidad de gustarle a otras personas y de que te admiren, y con todo tiendes a criticarte. Aunque tienes algunas debilidades de personalidad generalmente eres capaz de compensarlas. Tienes una considerable capacidad que no has usado en tu beneficio. Disciplinado y autocontrolado en el exterior, tiendes a ser aprensivo e inseguro interiormente. A veces tienes serias dudas en si hiciste lo correcto o tomaste la decisión acertada. Te consideras un pensador independiente, y no aceptas las afirmaciones de otros sin pruebas satisfactorias. Pero has encontrado desaconsejable ser demasiado franco en darte a conocer a otros. A veces eres extrovertido, afable, y sociable, mientras que otras veces eres introvertido, cauto, y reservado. Algunas de tus aspiraciones tienden a ser más bien irreales.

Este texto fue creado en 1948 por el psicólogo Bertram R. Forer. Su intención con el mismo fue demostrar que todos tendemos a aceptar descripciones personales vagas y genéricas, como si fueran aplicables solo a nosotros mismos, sin percatarnos de que la misma descripción podría ser aplicable a cualquier otra persona.

De hecho, si nos dicen que este es un perfil psicológico de nosotros mismos y lo leemos con esta idea, veremos que en un tanto por ciento muy elevado estaremos completamente de acuerdo con lo que dice, y aseveraremos que coincide con nuestra personalidad.

La demostración de Forer consistió en pasar un test de personalidad a todos sus alumnos, dándoles días después la evaluación del mismo a cada uno dependiendo supuestamente de los resultados obtenidos. Sin embargo, lo que no dijo es que el resultado que les dio (el texto que arriba vemos) fue idéntico para todos.

Al pedirles que evaluaran el resultado obtenido en cuanto a la similud de los datos con su personalidad, el resultado fue sorprendente. En una escala de 0 a 5, siendo "5" la indicación de que la descripción de los rasgos de personalidad que arrojaba el test se ajustaba a sus rasgos de personalidad de forma “excelente”, el promedio de valoración de la clase fue de 4,26.

El experimento ha sido repetido con posterioridad en multitud de ocasiones y siempre da un resultado muy alto en idéntico sentido.

Este estudio ha sido y es esgrimido por muchos de los escépticos racionales que ahora pululan por nuestro planeta (recordemos al mamporrero Sr. Armentia, citado en un artículo anterior) para descalificar a todas aquellas herramientas de conocimiento humano que ellos nombran como pseudociencias (incluyendo a la grafología, claro está), argumentando que los perfiles psicológicos que aportan son aceptados por el receptor por su carácter genérico y amplio, lo que facilita la identificación de éste con dicho análisis psicológico.

Reconozco que muchas veces yo mismo, a la hora de elaborar un informe grafopsicológico, me he planteado cuánto hay de genérico en él, cuanto de lo que digo podría transplantarse a otras personas y así valerles como un traje de idéntica talla. Incluso, en ocasiones, he estado hasta tentado de adjudicar un mismo perfil psicológico a distintas personas, para comprobar que efectivamente, alusiones vagas y generales son válidas en personalidades muy diferentes.

No lo he llegado a hacer, pero creo sinceramente que estas personas no se quejarían del análisis que se les entregaba...

Es buena una labor de autocrítica de vez en cuando, y plantearnos si en nuestros perfiles e informes grafopsicológicos utilizamos demasiadas expresiones imprecisas y comunes, hasta el punto de que pudieran ser aplicables a distintas personas.

He visto demasiados análisis de colegas con este tipo de términos cliché, (con sinceridad, creo que todos caemos, en mayor o menor medida en muchos de ellos) y francamente, creo que debemos evitar en todo lo posible utilizarlos. Nuestra labor de introspección psicológica debe ser cada vez más fina y más filtrada, huyendo de frases hechas, de términos comodines, de explicaciones trilladas, repetitivas y comunes.

Siempre recuerdo una frase de Xandró que me dio que pensar en mis albores estudiantiles, cuando decía que poner en un informe que alguien es inteligente era no decir nada.....por que todos lo somos.

¿Hacemos una sana y sincera autocrítica?. Pido primer...

jueves, 21 de agosto de 2008

Reflexiones estivales de un grafoterapeuta

Muchas personas que estudian grafología creen que por el simple hecho de saber interpretar psicológicamente una escritura pueden dedicarse también a realizar grafoterapias.

Según su forma de entender las cosas, si cambian aquellos aspectos gráficos calificados clásicamente como negativos para la persona, es más que suficiente. De este modo comienzan a cambiar letras a diestro y siniestro (la barra de la "t" más alta, fuerte y corta; la "m" y "n" en guirnalda; la "g" unida pero simplificada; la "d" de tipo literaria o creativa; enlaces por arriba en determinadas letras (escritura combinada), etc. etc. Todo un recetario de gestos gráficos aprendidos y bien engrasados, dispuestos a aplicarse a todo ser viviente que se ponga en sus manos.

Una grafoterapia, por supuesto, es mucho más que todo esto. En primer lugar, para ser terapeuta no vale todo el mundo. De hecho, estoy convencido que muchos colegas grafólogos que critican y desprestigian a la grafoterapia, lo hacen por que en el fondo reconocen su incapacidad para poder empatizar de manera profunda con otras personas, y poder llevarles así de la mano hacia un horizonte personal más despejado.

Cualquier cambio que se practique en una escritura tiene siempre un efecto. Esto no lo digo yo, es una ley simple y básica: la de la causa y efecto. Por tanto, cualquier cosa que meneemos en un grafismo, va a tener una repercusión en su autor. Otra cosa es el efecto que se produzca...

No se trata de ir cambiando piezas dentro de un puzzle, sino de entender globalmente el puzzle que es cada ser humano: un resultado de pensamientos, decisiones y consecuencias, aliñado además de prejuicios y hábitos, heredados o propios. Todo este ser, complejo por una parte pero también muy sencillo en cuanto se empieza a desbrozar el bosque, es lo que hay que entender antes de ponerse a aplicar grafoterapias (o cambios de letras, que es realmente lo que hacen estas personas).

Que la persona se va a sentir mucho mejor en cuanto empiece a cambiar su escritura, sin duda. Por poco que clarifiquemos esquemas mentales lo va a notar, y simplificando su escritura lo estamos haciendo. Pero no se trata solo de esto.

Ahora se ha puesto de moda simplificar el grafismo (por lo cual abogan muchas grafoterapeutas, algunas muy conocidas y reputadas) para dar así al individuo (niño o adulto) un proceso mental más ágil, provocando con ello una aceleración de su madurez (o por lo menos según dicen).

Lo que he podido comprobar con mi experiencia de muchos años es que la simplificación también puede ser negativa, sobre todo por una razón clara (hay muchas más, pero sería muy largo y prolijo de explicar aquí): el camino más corto es una línea recta, pero este camino no tiene por qué ser el mejor.

Hay cosas en la vida que hay que vivirlas; detalles, momentos, gestos... La simplificación nos dice que hay que ahorrar energía, y por eso se va al grano, sin perder tiempo, sin detenerse en menudencias.

Entre la divagación y la simplificación (dos extremos) existe un mundo que no nos podemos perder. Con la primera, se pierde el tiempo (ya sabemos en grafología los gestos que lo denotan), y con la segunda, en cambio, se ahorra tiempo. Ser muy prácticos, que se dice.

A mis pacientes (que lo son por la paciencia que tienen que tener para trabajar diariamente con tesón y determinación en su cambio de conciencia personal/escritural) les digo que cuando vayan por el campo disfruten de las flores. Que aunque vayan a un sitio en concreto, claro, determinado y bien definido, si pasan por un campo o un parque, que se fijen en las flores. Son parte importante de nuestra vida, y a lo mejor una de ellas nos acaba encandilando por su belleza, evocándonos unas sensaciones especiales y desconocidas. A lo mejor, incluso, hasta nos olvidamos de a dónde nos dirigíamos, y nos tumbamos con serenidad en la hierba a disfrutar de ese día tan precioso que casi nos perdemos por nuestro empeño en ir a ese sitio al que íbamos tan diligentemente centrados.

Hay cosas en la escritura que tienen que estar, al igual que en nuestra vida también hay cosas que deben estar presentes.

Quién quiera entender que entienda.

domingo, 3 de agosto de 2008

grafoterapia.com

Hoy hemos lanzado a la web nuestra nueva página: http://www.grafoterapia.com/.

Pretendemos con ello mostrar en qué consiste y cómo funciona la grafoterapia. Probablemente muchos habréis oido hablar de ella, pero seguro que también tenéis muchas dudas al respecto.

Con esta página queremos que poco a poco vaya siendo cada vez más conocida y reconocida. La iremos ampliando con mayores datos con el tiempo. Ahora, en principio, contiene lo suficiente para que aquéllos que estén interesados, satisfagan un poco más su curiosidad.

Es importante esta nueva web porque realmente no hay muchos sitios donde se hable en profundidad de esta terapia gráfica, de tanta importancia por otra parte para el tratamiento de los trastornos escriturales, tanto en niños como en adultos.

Por supuesto, para cualquier ampliación sobre lo allí reflejado, o cualquier otra duda que tengáis sobre el uso y la práctica de la grafoterapia, estoy a vuestra disposición: fernandoruiz@psicograf.com

Queda pues, inaugurada.