jueves, 21 de agosto de 2008

Reflexiones estivales de un grafoterapeuta

Muchas personas que estudian grafología creen que por el simple hecho de saber interpretar psicológicamente una escritura pueden dedicarse también a realizar grafoterapias.

Según su forma de entender las cosas, si cambian aquellos aspectos gráficos calificados clásicamente como negativos para la persona, es más que suficiente. De este modo comienzan a cambiar letras a diestro y siniestro (la barra de la "t" más alta, fuerte y corta; la "m" y "n" en guirnalda; la "g" unida pero simplificada; la "d" de tipo literaria o creativa; enlaces por arriba en determinadas letras (escritura combinada), etc. etc. Todo un recetario de gestos gráficos aprendidos y bien engrasados, dispuestos a aplicarse a todo ser viviente que se ponga en sus manos.

Una grafoterapia, por supuesto, es mucho más que todo esto. En primer lugar, para ser terapeuta no vale todo el mundo. De hecho, estoy convencido que muchos colegas grafólogos que critican y desprestigian a la grafoterapia, lo hacen por que en el fondo reconocen su incapacidad para poder empatizar de manera profunda con otras personas, y poder llevarles así de la mano hacia un horizonte personal más despejado.

Cualquier cambio que se practique en una escritura tiene siempre un efecto. Esto no lo digo yo, es una ley simple y básica: la de la causa y efecto. Por tanto, cualquier cosa que meneemos en un grafismo, va a tener una repercusión en su autor. Otra cosa es el efecto que se produzca...

No se trata de ir cambiando piezas dentro de un puzzle, sino de entender globalmente el puzzle que es cada ser humano: un resultado de pensamientos, decisiones y consecuencias, aliñado además de prejuicios y hábitos, heredados o propios. Todo este ser, complejo por una parte pero también muy sencillo en cuanto se empieza a desbrozar el bosque, es lo que hay que entender antes de ponerse a aplicar grafoterapias (o cambios de letras, que es realmente lo que hacen estas personas).

Que la persona se va a sentir mucho mejor en cuanto empiece a cambiar su escritura, sin duda. Por poco que clarifiquemos esquemas mentales lo va a notar, y simplificando su escritura lo estamos haciendo. Pero no se trata solo de esto.

Ahora se ha puesto de moda simplificar el grafismo (por lo cual abogan muchas grafoterapeutas, algunas muy conocidas y reputadas) para dar así al individuo (niño o adulto) un proceso mental más ágil, provocando con ello una aceleración de su madurez (o por lo menos según dicen).

Lo que he podido comprobar con mi experiencia de muchos años es que la simplificación también puede ser negativa, sobre todo por una razón clara (hay muchas más, pero sería muy largo y prolijo de explicar aquí): el camino más corto es una línea recta, pero este camino no tiene por qué ser el mejor.

Hay cosas en la vida que hay que vivirlas; detalles, momentos, gestos... La simplificación nos dice que hay que ahorrar energía, y por eso se va al grano, sin perder tiempo, sin detenerse en menudencias.

Entre la divagación y la simplificación (dos extremos) existe un mundo que no nos podemos perder. Con la primera, se pierde el tiempo (ya sabemos en grafología los gestos que lo denotan), y con la segunda, en cambio, se ahorra tiempo. Ser muy prácticos, que se dice.

A mis pacientes (que lo son por la paciencia que tienen que tener para trabajar diariamente con tesón y determinación en su cambio de conciencia personal/escritural) les digo que cuando vayan por el campo disfruten de las flores. Que aunque vayan a un sitio en concreto, claro, determinado y bien definido, si pasan por un campo o un parque, que se fijen en las flores. Son parte importante de nuestra vida, y a lo mejor una de ellas nos acaba encandilando por su belleza, evocándonos unas sensaciones especiales y desconocidas. A lo mejor, incluso, hasta nos olvidamos de a dónde nos dirigíamos, y nos tumbamos con serenidad en la hierba a disfrutar de ese día tan precioso que casi nos perdemos por nuestro empeño en ir a ese sitio al que íbamos tan diligentemente centrados.

Hay cosas en la escritura que tienen que estar, al igual que en nuestra vida también hay cosas que deben estar presentes.

Quién quiera entender que entienda.

3 comentarios:

Jose Antonio León dijo...

Estimado compañero y profe, estoy totalmente de acuerdo con tu punto de vista. Es necesario vivir el proceso, sino de que nos sirve?.

Es como si a un futbolero le dicen el resultado pero se ha perdido el partido.
Un saludo

Anónimo dijo...

yo estuve 4 años con Consuelo,una grafoterapeuta conocida de Madrid, y salí muchísimo peor de lo que entré a su terapia. De hecho, los diagnósticos que me hacía no se correspondían en absoluto con mi pésimo estado interno.
saludos

Anónimo dijo...

Hola Fernando ! me encantó tu nota.
Saludos !
Mariel Pugliese